DIARIO DE BURGOS, 20/01/2026. Página 5.
Durante los escasos
tiempos que la Humanidad se ha concedido para ello ―sin guerras, sin tiranos,
sin fanatismos― la política se reivindicó como un ejercicio de compromiso con
la felicidad colectiva. La II Guerra Mundial, que enfrentó a una gran parte del
mundo a la inmensa fealdad y crueldad de la que somos capaces, trajo una
reflexión positiva sobre la necesidad de construir sociedades más justas, más
equilibradas, mejor atendidas como forma de evitar los radicalismos y odios.
Ese compromiso que trajo a las sociedades europeas la socialdemocracia produjo
los mayores índices de justicia social que nuestro continente haya conocido en
toda su historia, con sus problemas, sí, pero con inmensos logros. Que ochenta
años después de la pesadilla nazi-fascista pidamos a gritos cilicios y
disciplinas, autócratas y matones que nos arrastren a guerras, invasiones,
asesinatos, masacres y genocidios habla de nuestra estupidez infatigable.
Siempre es más fácil ser un necio que asumir la exigencia, el trabajo de
construir esforzadamente.
El auge de la
extrema derecha se asienta en la agitación vulgar del egoísmo y la insolidaridad,
la comodidad de señalar culpables, de agitar medidas infantiles ―te vas,
sobras, sin ti todo funcionará― en vez de darnos cuenta de que solo con la
contribución de todos se pueden encarar los problemas de salud, de
envejecimiento, de desigualdad, de vivienda… para construir mejores espacios de
vida, mejores condiciones, más justicia social.
Las recetas
para bobos: echar a gente, cerrar servicios, reducir impuestos y normativa que
aseguran el funcionamiento de lo público, son las vías sobre las que se levanta
el odio, el enfrentamiento, la mayor desigualdad, la amargura permanente que
trae a los tiranos y sus imbecilidades identitarias.
El 15 de marzo
habrá elecciones en CyL. Preguntémonos, ¿ha mejorado algo la vida en esta
legislatura con los mensajes ultras?

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