20/10/10

ARMH: DIEZ DIGNOS AÑOS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA


DIARIO DE BURGOS,  20/10/2010

Se cumple por estos días un singular aniversario, ajeno a todo calendario oficial: diez años de exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil y el franquismo por el movimiento por la recuperación de la memoria histórica. Para mí, que llevo casi los mismos años estudiando este proceso, sigue resultando llamativo tener que explicar todavía que éste es un movimiento social espontáneo, surgido a partir de la exhumación de la fosa de Priaranza del Bierzo, en León, promovido por los familiares y sin apoyo político alguno. La cobertura mediática de aquel hecho, que no se hizo a escondidas ni en silencio, hizo que miles de familias españolas, con la naciente ARMH como catalizador, se pusieran en contacto entre sí para conseguir lo que ningún gobierno había atendido durante la Transición y periodos subsiguientes: recuperar los restos de sus familiares asesinados, ocultos en fosas anónimas, privados de los ritos conclusivos que nuestra cultura define necesarios para cualquier persona, y darles así el definitivo reentierro en cementerios.
Por mucho que se haya querido malinterpretar y menospreciar, se trata puramente de un asunto de Derechos Humanos, de respeto y tolerancia, de humanidad, de democracia. Resulta difícil creer que aun pueda existir oposición a que tantas familias españolas puedan culminar sus duelos; que haya gente que se atreva a menospreciar el dolor vivido por éstas durante décadas en ominoso silencio y cuestionen el respeto que hijos, nietos y demás parientes guardan a sus mayores y a su memoria.
En una de las primeras exhumaciones en que colaboré en la provincia de Burgos, al ir a delimitar la fosa común que debíamos excavar, encontré varios ramos viejos depositados en el día de difuntos. Cuando, tras documentarlos, los estaba retirando, de uno de ellos cayó la siguiente nota: «Abuelo, aunque estés a muchos kilómetros de aquí, aunque no sepamos dónde... Siempre has estado y estarás con nosotros... Un abrazo y muchos, muchos besos de parte de toda la familia. Te queremos y no te olvidamos abuelo, ni a ti ni al resto de la familia que está contigo en algún lugar.»
Es un digno aniversario en el que ciudadanos anónimos luchan contra viento y marea por la dignidad de otros seres humanos. Enhorabuena.

8/10/10

BARRENEROS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 6/10/2010

Es preocupante leer las conclusiones que anda sacando tanto analista de postín del resultado de las primarias del PSOE: que son una muestra más de la falta de autoridad del presidente del Gobierno; que justifican especulaciones sobre su recambio; y que revelan la fragmentación y/o debilitamiento del partido socialista… Lo alarmante de estas interpretaciones no es que respondan a paniaguados de un signo/medio u otro, barreneros profesionales, sino la concepción de lo ‘deseable’ o ‘correcto’ para nuestro sistema político que dejan traslucir tan ‘sesudos’ análisis.
El proceso de primarias que ha vivido el partido socialista de Madrid ha sido uno de los raros actos de calidad democrática de un sistema que anda muy escaso de ellos. En primer lugar por ceder la capacidad de elección a las bases y no a la designación jerárquica, en lo que supone una verdadera legitimación del candidato. En segundo lugar, porque ha permitido mostrar la política como ejercicio de compromiso desde el trabajo constante y el contacto directo con los votantes, tal cual fue haciendo Tomás Gómez con las agrupaciones locales madrileñas desde mucho tiempo atrás. En tercer lugar, porque asume que la disensión es un elemento clave para el funcionamiento de la democracia y ha de ser vivida con naturalidad, respeto y decencia. ¿Por qué un partido «democrático» ha de primar la disciplina en vez de la presentación y representación de opiniones y proyectos?
¿Cuál es su contramodelo? ¿Congresos a la búlgara donde se designa por clamor al candidato previamente señalado? ¿Partidos oscurantistas en los que su presidente elige a su sucesor, a la manera del querido líder Kim Jong-il? ¿Cortesanos en vez de militantes que solo halagan al que manda en espera de su prebenda? ¿Listas cerradas en las que se hace aterrizar al cunero designado por la cúpula, sin relación alguna con su circunscripción electoral?
Es muy preocupante la pretendida equiparación del funcionamiento democrático con el pensamiento único, la entronización y autoritarismo de los partidos, la eliminación de la crítica y el abandono de los valores ideológicos para anteponer pragmatismos interesados. Una democracia auténtica se asienta en la igualdad de derecho, no de pensamiento; se nutre de la tolerancia y el respeto a la diferencia, viendo en la pluralidad una fuente de riqueza; nunca de debilidad.

COPRÓFAGOS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 22/09/2010

Vivimos en un mundo de mentiras, de las gordas, de las piadosas, de las podridas, de las más sucias. La política se va poniendo asquerosa de una forma insufrible. Nuestra maltrecha democracia huele a podrido, presa de estructuras elefantiásicas que dicen ser la encarnación del pueblo, del auténtico bien colectivo, y de los más íntegros ideales: los partidos políticos. Estos «pilares de la sociedad» se han convertido en los herederos y gestores de algo que se aproxima bastante a aquel concepto franquista de «democracia orgánica». Y es que en una partitocracia como la nuestra, la política está al servicio de los propios políticos que dirigen a sus masas, abandonando toda voluntad de transformación, redistribución, corrección y verdadero gobierno. Por eso los ciudadanos están hartos y preocupados a la par con la clase política, como el CIS y otras demoscopias han venido demostrando. No se reforma la injusta ley electoral para no quebrar ratios, no se elimina inmediatamente al corrupto por mera aplicación de las reglas de decencia y penales, nadie dimite ante los escándalos probados, la disciplina de voto coarta la libertad individual, la designación de los candidatos se hace mayoritariamente a dedo, las listas electorales son cerradas…, en fin, mucha mierda. El partido es un fin en sí mismo, y para sus dirigentes, está por encima de la ciudadanía y del propio Estado. Incluso, llegado el caso, de la ideología que dicen defender.
Con sus tentáculos anclados en el Estado para su financiación y la gestión de lo público para su engorde, léase corrupción, los partidos han rebajada profundamente nuestra calidad democrática. Los claros indicios de putrefacción no llevan a la limpieza y rechazo de tales comportamientos, sino al enroque más cerril denunciando un supuesto «estado policial» (sic.). Allá van 30 años de esfuerzo y conversión de las fuerzas represivas del franquismo en cuerpos de seguridad profesionales, despreciados en un instante por quienes se sienten intocables.
No se trata de proponer la anarquía, sino de alentar el verdadero servicio y compromiso. A partidos poderosos, ciudadanos inermes. La ética perderá siempre frente a las razones orgánicas y sistémicas. La precariedad pactada del fin de la dictadura no se la puede pretender adecuada a nuestros tiempos. Salvo por interés.

LA TRAMPA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 08/09/2010

Es cierto: hay una trampa. Pero la trampa no es la tregua; ni siquiera ETA. La trampa es el nacionalismo, un sentimiento trastocado en obsesión identitaria que en su proceso de invención de una patria lleva a muchos a derivas intolerantes, violentas y exterminadoras. Porque las naciones, verbalizadas en patrias, rápidamente se convierten en entes sagrados que justifican todo lo que se perpetra en su nombre.
Las naciones son construcciones culturales; existen porque así han sido definidas, y rara vez incluyendo los matices de todos sus potenciales integrantes. Estas definiciones innecesarias, imposibles y problemáticas suelen hacerse por oposición a otros grupos culturales, a otras sensibilidades, a otras formas de vivir. Quienes se erigen en voluntarios de tan «trascendental tarea» tienden a generar un paquete totalizador puramente hamletiano: «O se es así, o no se es». Ergo, «hay» que hablar una sola lengua, «hay» que pertenecer a una sola religión, «hay» que entender la política desde el dirigismo de líderes «propios», incluso «hay» que tener singularidades biológicas.
Somos seres profundamente sociales: necesitamos pertenecer, ser miembros de grupos, vivir acompañados… es la naturaleza humana. Cómo construir esos espacios de convivencia y relación con un sentido integrador y tolerante es el quid de la cuestión.
Nacionalismo y democracia son elementos de difícil combinación. Los nacionalistas exaltados usan los espacios de la democracia para excluir, recortar derechos y libertades, para anunciar que «aquí no cabemos todos». Con su lenguaje-trampa, construyen epopeyas, pasados inexistentes, historias de fantasía, héroes y caídos…, inmensas manipulaciones sentimentales. Su obcecada negación de la realidad y el presente -plural y cambiante, internacional e intercultural- les lleva al desprecio del dolor y la frustración que producen sus acciones, su intolerancia virulenta.
Nacionalistas del mundo, dejadnos vivir en paz. Somos muchos los que no necesitamos pertenecer a ningún pueblo elegido por ningún dios, sentirnos superiores a otras culturas, hacer de la provincia, la región o el país una trinchera, o matarnos por trapos de colorines. Agur, majos.

DE LA INGENUIDAD ¿IMBÉCIL? Y LAS CAUSAS JUSTAS DE LA IZQUIERDAD. LA COOPERACIÓN ETA-FARC

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 02/04/2010.

El auto del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco ha hecho más que desvelar pretendidos ataques guerrilleros en suelo español con colaboración etarra y ocasionar un conato de conflicto con Venezuela: ha puesto encima de la mesa la necesidad de una reflexión sobre las redes de apoyo y colaboración que trenzan organizaciones terroristas aprovechando un cierto ingenuismo irresponsable de las izquierdas. También evidencia la necesidad que tiene la sociedad democrática de promover sus valores y no quedarse impávida frente a la manipulación torticera y vociferante de los radicales.
Es verdad que mucho antes de este auto, la cooperación ETA-FARC era un secreto a voces, configurando un haz de intercambios y apoyos internacionales entrecruzados que la izquierda radical había ido cultivando proverbialmente. Instancias controladas o dependientes de las estructuras militares terroristas como Askapena, para el caso de ETA, o la Coordinadora Continental Bolivariana -CCB- en el de las FARC, construyen espacios de interrelación y apoyo en los que la mística del guerrillero se mezcla con mensajes de opresión, persecución y lucha de clases, con dosis de teologías liberalizadoras junto a otras fanatizadoras, configurando un discurso que pretende para estos movimientos terroristas el papel de víctimas de la historia.
Esquemáticamente podrían condensarse los viejos postulados de la Izquierda en la aspiración de un bien colectivo igualitario desde la base social, frente a la salvaguarda de la posesión y derechos detentados por el individuo-propietario de la derecha. Ésta se considera heredera de un proyecto social sancionado por la divinidad-garante, confiriendo un sentido de orden moral a su interpretación sociohistórica continuista -conservadora-. La izquierda, por su parte, ha generado su propio sentimiento de legitimidad incuestionable a partir de la asunción de un redentorismo de los desfavorecidos en la historia -y no en un horizonte mítico- frente al percibido como egoísmo de clase de la derecha. La convicción en ambas orillas ideológicas de su superioridad moral ha generado discursos exclusivistas y conflictivos, un espíritu de grandes palabras que, en los casos extremos, devienen en un totalitarismo moral que justifica toda acción y estrategia al servicio de los fines propuestos. Los nacionalismos extremos son igualmente hijos de estas actitudes.
Históricamente, las izquierdas han sido, por definición, internacionalistas: apoyan/recogen como propias las luchas de justicia de los sectores oprimidos o marginados cercanos y lejanos. En su proceso de conformación han construido sus ideologías por medio de rotundas simbologías y otros elementos de adscripción. Estas militancias de fuerte carga identitaria, al igual que sucede con ciertas experiencias religiosas y/o rituales, generan un particular espíritu de grupo: communitas, un sentimiento de comunidad singular. Así, emoción e ideario compartido generan la unión de heterogéneos, produciéndose la necesaria cohesión y confianza entre sus miembros para pasar a conformar una comunidad imaginada. En este caso, internacional.
Muchos movimientos de izquierda -hoy especialmente los más minoritarios- se han adherido a causas de terceros que exigían su solidaridad internacional, presos de un ingenuismo voluntarista, sin molestarse por conocer cabalmente a sus distantes camaradas. Irresponsablemente emprenden campañas de apoyo y financiación, de promoción ideológica, de legitimación y enaltecimiento de la mística de la violencia armada, desacreditando informaciones independientes contrarias a sus patrocinados... En fin, que la invocación de la liberación o la justicia social lleva a convivir sin aparente contradicción en estas redes, al marxismo-leninismo más fanático con nacionalismos de claro exclusivismo étnico, fundamentalismos religiosos y liderazgos mesiánicos. Basta con haber visitado algunos locales o bares de kolectivos antisistema, peñas futbolísticas radikales, asociaciones kulturales, micro-partidos políticos, y ver su collage de carteles para reconocer esto.
Es verdad que gran parte de las luchas emprendidas por el utopismo izquierdista -así tachado en cuanto obvia las realidades históricas y el peso de las distintas culturas en el comportamiento social de la humanidad- enarbolaron banderas de principios que hoy consideramos irrenunciables, verdaderas señas de identidad de las sociedades modernas. Pero la reivindicación de la utopía no produce siempre una ecuación cuyo resultante sea el bien absoluto: un gran número de luchas revolucionarias solo sirvieron para producir más desgarro y dolor al interior de sus sociedades -asesinatos, purgas, encarcelamientos masivos, desapariciones e imposiciones de totalitarismos deshumanizadores-. La ambición de inmediatez ante la contemplación de una palpable injusticia social conllevó la adopción de estrategias que trataron de «acelerar la historia» por la vía de una violencia armada que, generalmente, terminó abocándose al desastre.
La internacionalización de la izquierda goza de relativa salud hasta el punto de constituir un modelo útil a otros movimientos de vocación universalista -v. gr. el radicalismo islamista-. La vieja estructura de las internacionales ha sufrido fuertes cambios y readaptaciones, desde la reformulación de su vocación continental a través de nuevos modelos, caso del bolivarianismo, a la nueva estructura en redes nodulares de miríada de asociaciones, grupos de apoyo, partidos y sindicatos de todo el mundo que creen compartir un ideario y actúan con relativa independencia. Por entre este vasto conjunto se distribuye la mística revolucionaria violenta -la Libertad guiando a las masas, el asalto al Palacio de invierno, la Larga Marcha de Mao, la entrada de Fidel en La Habana, la victoria sandinista....- para consumo de ingenuos irreflexivos, posiblemente bienintencionados, generando un importante capital simbólico para el ejercicio continuado de la violencia.
A partir de esta mística, el internacionalismo construye importantes arterias alimenticias para los movimientos armados. Encuentran apoyos mayores a niveles institucionales, a través de gobiernos extranjeros que hacen causa común con los grupos o de alguna de sus instancias internas -municipios, parlamentos locales, etc.-. Los movimientos sociales, grupos de ideología afín, partidos, sindicatos, asociaciones, ONG, y una pléyade de individuos satélites de los grupúsculos de izquierda constituyen apoyos menores que sin embargo son de tremenda importancia y alcance en la era de Internet. Esta sólida red internacional consigue guías, formación, entrenamiento, armas, hombres, lugares de refugio… En ella se incluye el blanqueo del dinero extraído por la extorsión, los secuestros o el narcotráfico y las redes de tráfico de armas, que los internacionalistas ingenuos prefieren negar o ignorar.
Tanto ETA como las FARC han sabido construir inteligentemente estas redes, que además se cruzan y entremezclan en su internacionalismo solidario. Esto les permite transmitir su visión del conflicto del que son actores y ganar inexplicables apoyos. De hecho, si hay algo que estratégicamente define a esos movimientos armados modernos es su clara estructura de redes pluricelulares: una pléyade de asociaciones, colectivos, coordinadoras, ONG, que so capa de la diversificación de agentes y objetivos -lengua, folklore, religión, deporte, jóvenes, parados, presos, mujeres...- recoge y extiende apoyos con el objetivo final de la causa revolucionaria, independentista, fundamentalista... Penetran al interior de sus sociedades ejerciendo un papel desestabilizador, urdiendo una trama compleja que dificulta enormemente la persecución de su violencia intolerante. Al exterior, esta estructura se convierte en un elemento clave de financiación, por un lado, pero sobre todo produce un capital simbólico que retroalimenta su totalitarismo moral y fortalece los falsos argumentos de su causa, granjeándole la simpatía y el apoyo de grupos y personas que de otro modo no lo brindarían a un simple grupo armado. A su vez, este capital simbólico retroalimenta el conflicto: la aparente coincidencia moral con colectivos internacionales de compromiso ético brinda a sus tesis de guerra cuotas de legitimidad para continuar con su ejercicio de dolor.
Cualquiera que haya visitado las zonas de operación de las FARC, las zonas rurales más pobres de Colombia, sabe de su constante extorsión a las comunidades residentes, en bienes y en jóvenes; del dolor y muertes provocadas con su diseminación de minas antipersona; de sus secuestros inacabables; del control de las rutas de la droga y su connivencia con grupos de narcotraficantes. Sabe también de su desatención egoísta al clamor de la sociedad colombiana que le pide su desaparición, pues su presencia sirve para justificar las estructuras de opresión que dicen combatir: los paramilitares vinculados a las oligarquías ganaderas latifundistas, el narcotráfico, el Estado militarizado y la corrupción y confusión de todos esos elementos. Para el caso de ETA, encontramos la misma desatención a una sociedad cuya única fuente de extorsión y violencia es la proveniente de los colectivos etarras, una sociedad que siendo el espacio europeo que goza de las mayores cuotas de autogobierno y los mayores índices de desarrollo de su entorno, el autodefinido Movimiento de Liberación Nacional Vasco la describe a terceros como perseguida y en proceso de erradicación cultural.
Los datos a los que hace referencia el auto del juez Velasco, permiten ver la frecuencia y naturalidad de estas relaciones, de las estrategias y formación militar compartidas... pero antes sabíamos de las visitas de turismo revolucionario, la presencia de estudiantes en los campamentos de las FARC y el agasajo a sus amigos internacionales, la acrítica aceptación de las tesis de ambos grupos en otros países, y el camaleonismo de sus ideales a las expectativas de sus interlocutores.
El presidente venezolano Hugo Chávez callará porque no le interesa que se hable de la CCB -con dos comandantes de las FARC en la presidencia colectiva-, ni de a dónde o a quiénes va la financiación de las Casas del ALBA -Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América- que se extienden por aquel continente, ni tampoco del alcance etarra en los pasillos gubernamentales bolivarianos. España ha hecho mal sus deberes al no atender las ramificaciones internacionales de ETA que, sorprendentemente para cualquier conocedor de la realidad del País Vasco, han generado a la organización terrorista una imagen positiva en importantes entornos de América Latina, Sudáfrica, Norteamérica, y en los países nórdicos, entre otros. Sus penetraciones han alcanzado comisiones de las Naciones Unidas, del Foro Social Mundial, de gobiernos suramericanos, y organizaciones indigenistas, sin olvidar a numerosas instituciones autonómicas durante los años de monopolio nacionalista en el País Vasco.
Algunos no sabrán lo que hay detrás de las proclamas, de las fotos heroicas, de los discursos setenteros de viejos guerrilleros barbudos, de los descontextualizados pañuelos palestinos. Pero el Estado y la Sociedad democrática sí saben -por sufrirlo- lo que se juegan en la tergiversación terrorista, su desprecio de la vida y la tolerancia, la manipulación de causas de terceros. A la vista están los riesgos de estas ingenuas redes internacionales.

(*) Ignacio Fernández de Mata es profesor de Antropología Social
en la Universidad de Burgos.