Diario de Burgos, 01/10/2024. Página 5.
Israel, posiblemente un gran error histórico, por más injustificable holocausto que nos pongan ante nuestros ojos, se ha revelado como una inmensa vergüenza moral para el mundo.
Frente a la
ficción de ser una pretendía democracia entre lobos, el estado judío ─jurídicamente
de naturaleza religiosa─ ha optado por una guerra de exterminio, por arrogarse
el derecho a pisar cualquier principio de moralidad y de derecho internacional,
anteponiendo su propio derecho divino, su lectura sagrada de la promesa de su
dios, para acabar con miles de vidas inocentes más allá de cualquier razón,
lógica o amenaza.
El genocidio
emprendido por el primer ministro Benjamín Netanyahu contra la población
palestina muestra un país-monstruo insensible al dolor de una población
arrasada, a un territorio devastado hasta la raíz. Hemos visto como
bombardeaban las ciudades, los hospitales y escuelas, como la población huía
sin posibilidad de refugio, como todo espacio y rincón era cruelmente tratado
como supuesto almacén de armas. Nada queda en Gaza. Más de 41.600 palestinos
muertos, 96.359 heridos. Miles siguen desaparecidos bajo los escombros… Sí,
hubo un ataque terrorista hace un año de Hamás. Murieron 1.200 personas y más
de dos centenares fueron secuestradas. Terrible. Nadie lo justifica. Pero el
exterminio israelí aún no ha parado. Han seguido en Cisjordania. Ahora en
Líbano…
¿Qué
diferencia a Israel de los estados fundamentalistas y teocráticos vecinos, de
las milicias con llamados divinos, aferrados a lecturas rigoristas de sus
libros sagrados, con pretensiones de mandatos sagrados, tierras y tumbas
proféticas, con territorios por los que holló el profeta, el patriarca o no sé
qué rey?
De entre los rollos
en hebreo antiguo emerge en tufaradas sucias un dios tribal cansado, viejo,
insaciable, un dios amargo de hiel y humillaciones, cibernético, cruel, frío,
viperino, hipertecnológico, inmoral, tumoral, amoral, el sumo mal, Yahveh-Elohim.
Susurra aliento a las mesnadas de fanáticos colonos cada vez que emprenden sus
valientes acciones baden-powellianas privando de agua, talando los olivos y/o
salando los campos de los palestinos, cada vez que ocupan y expulsan hogares
descalzándose, orinando, excretando sobre las resoluciones de Naciones Unidas y
el Derecho Internacional.
Ante nuestros
ojos, el ejército más poderoso de Oriente Próximo ha exterminado a unos
inocentes en su tierra, por existir, por aspirar a sus derechos. A su frente,
el Primer Ministro y fiel creyente, Benjamín Netanyahu, acusado ante la Corte
Penal Internacional de Crímenes de Guerra y Crímenes contra la Humanidad.
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