23/2/11

LINAJES IRREALES

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 23/02/2010


Hace tiempo, el Prof. Kemal Karpat me decía en una cena que la gran diferencia en la Modernidad entre el Oriente musulmán  y Occidente era la novela, un invento europeo que había servido, junto a otras artes de la imprenta, para crear las ensoñaciones que las naciones europeas habían ido construyendo para sí mismas desde el romanticismo. Oriente, decía, había avanzado en otra dirección bajo las fórmulas de la poesía y el cuento.
En su mundialmente famoso estudio “Comunidades Imaginadas”, Benedict Anderson hacía al nacionalismo criatura dependiente de lo que llamó “print capitalism”. En definitiva, medios de comunicación y conocimiento de masas al servicio de la divulgación de ideologías, como el nacionalismo, nunca contradictorio con el capitalismo.
Hoy la nueva dimensión de comunicación que es internet y sus ya famosas redes sociales han cambiado todo el panorama. La democratización de la tecnología que exige el consumismo ha hecho que la información fluya, se participe y discuta generando nuevos canales que escapan al control de los agentes de la represión y la mordaza. Es la parte traducible en palabras y rostros de eso que llamamos globalización. Ya no hace falta exportar la novela existiendo el turismo, internet y la televisión por satélite. Los modelos narrativos tradicionales han sido superados por la inmediatez de la frase-látigo de un chat exigiendo la acción.
Todo ha cambiado mucho, pero a la vez, hemos olvidado o ignorado demasiado. Vemos caer casi con gusto a los autócratas árabes, usuarios todos ellos del mismo vergonzante tinte de pelo que Berlusconi, y nos escandaliza oír que Mubarak preparaba su sucesión en su hijo Gamal, Gadafi en su vástago Sayf, o saber que en Túnez, la segunda esposa de Ben Alí, Leila Trabelsi, “la regente”, se preparaba con su clan para lo mismo. Se nos olvida, por ejemplo, que el concepto “pueblo soberano”, acuñado tras la Ilustración y las revoluciones francesa y americana, nació para destruir la legitimidad dinástica de los reyes, presuntamente sancionados por la divinidad. Lo digo porque, salvando inmensas distancias, por aquí siguen sueltos personajes casi novelescos que aspiran también a transmitir la jefatura del Estado de padres a hijos. Y, qué quieren que les diga, además de caduco, prepotente e injusto, suena insultante frente a tanta lucha por la libertad e igualdad.

9/2/11

GAME OVER

IGNACIO FERNÁNDEZ DE  MATA

DIARIO DE BURGOS,  09/02/2011

Game Over, fin de la partida. Este lema es repetido en las pancartas de la plaza de Tahrir, en El Cairo. La población civil egipcia, manifestándose por la libertad y el pluralismo, pide el fin de un juego en el que nuestros gobiernos son cómplices. Demandan una democracia real frente a las apariencias de tal cosa, predominantes en las repúblicas árabes. Y no sólo en ellas.
Los patéticos recelos de los gobiernos occidentales, con sus dubitativos apoyos a las reivindicaciones de cambio, temerosos de dar alas “al enemigo”, muestran el egotismo de nuestro sentido democrático. La vigilancia y defensa de los valores occidentales han sido la gran escusa para apoyar a los autócratas de las repúblicas árabes como rompeolas de revoluciones marxistas primero, de huestes islamistas después. El efecto, a la postre, ha sido el contrario. A costa de beneficiar a una élite gobernante y de privilegiar a los represores miembros de las fuerzas armadas y policiales, la población quedó excluida y atrapada en el discurso de contentamiento a Occidente. Para amplias capas empobrecidas, sus escasas opciones pasan, ciertamente, por abrazar la causa del islamismo organizado, conferidor (como hacen todos los grupos y congregaciones religiosas del mundo) de horizontes simplistas junto con importantes redes de apoyo social y económico. Para otros muchos, jóvenes y no tan jóvenes, formados, cultos, desde hace años hábiles exploradores y comunicadores a través de internet, creyentes o no, el futuro pasa por intervenir en el diseño y gestión de su Gobierno desde sus propias bases culturales; y no por adscribirse a los trasnochados postulados del colonialismo occidental. Nada hay más irónico que ver a los más recelosos a apoyar el laicismo en nuestras sociedades, acusar a los países musulmanes de atrasados o fundamentalistas por incluir a su dios en su vida política.
Las nuestras son sociedades pánicas: vertebran su política exterior en función de esquemas de miedo-amenaza-enemigo. Para ello se ha reverdecido el apolillado arsenal retórico de la guerra fría, mixturado con el mucho más antiguo argumento de la fe, dividiendo el mundo a partir de las grandes ensoñaciones religiosas, también llamadas civilizaciones... Por supuesto, irreconciliables.
Europa, que es falso que sea un continente, ha de cambiar el chip. Aúpa, egipcios, tenéis todo el derecho a definir vuestra sociedad. Los demócratas del mundo os apoyamos, mal que le pese a Israel. A nuestros gobiernos, también les pedimos: Game Over.