20/4/11

EL HIYAB Y LA XENOFOBIA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 20/04/2011


Tiene 12 años y está siendo acosada por su colegio. Es gallega de nacimiento y la Xunta no la protege. Ha perdido varias actividades extraescolares que deseaba hacer por acumulación de faltas y corre el riesgo de ser expulsada. Su empecinada maldad: vestir el hiyab, pañuelo islámico que cubre su cabello.
El colegio ha aprobado en este mismo año una norma que prohíbe cubrirse la cabeza, “por respeto a los demás”. Dado que el hiyab no es cosa de una moda, la niña no se sintió aludida porque lo que ella viste es, antes que nada, un símbolo religioso de profunda raíz cultural.
¿Pero a quién ofende o molesta que esta nena vista un pañuelo? ¿Qué lleva a los docentes a ver el hiyab como algo "gravemente perjudicial para la convivencia del centro”? ¿Es casual que esto pase en el pueblo con la mayor comunidad musulmana de La Coruña? ¿Por qué esperaron a que esta niña se matriculara y fuera al colegio con el hiyab para aprobar esta norma? La respuesta debería conjugar términos como racismo, intolerancia e incultura.
Esta descorazonadora decisión de CEIP Novo Arteixo, no sólo atenta contra el artículo 16 de la Constitución, sino que crea graves problemas donde no debería haberlos y sienta precedentes peligrosos y absurdos. ¿Si un alumno que sufre de cáncer desea cubrirse con un pañuelo, se le expulsará? Un niño judío ortodoxo no podría asistir a este colegio, puesto que les estaría prohibido el uso de la kipá. Y una monja con toca no podría ser contratada como profesora para dar clases de religión.
Por otro lado, si la situación de la mujer en el mundo musulmán es conflictiva, ¿por qué en vez de facilitar su educación y desarrollo (portando, sí, las prendas que culturalmente le permitan acceder al espacio público), nos empeñamos en cargar contra sus símbolos, añadiéndoles fuerza identitaria y facilitando con ello una mayor marginación? La lógica de un estado aconfesional está en que las escuelas públicas no impongan una orientación religiosa, ni sus símbolos, a profesores o alumnos; las creencias de éstos pertenecen por completo al ámbito de lo personal y familiar (salvo que atenten contra los derechos humanos).
Es tiempo de que asumamos que vivimos en una sociedad multicultural y plurirreligiosa en la que lo “gravemente perjudicial para la convivencia” es el racismo y la xenofobia, y no un simple pañuelo.

18/4/11

EL CIPRÉS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 1/04/2011


En las décadas de 1920 y 30, nuestra ciudad experimentó, de elegante manera, la sempiterna lucha entre generaciones por la vía del Arte. Éste, con mayúsculas, venía anunciado en expresión bélica: “Vanguardia”, si bien sus esfuerzos iban orientados a la modernidad y al experimentalismo.
El general de esta tropa creadora fue Eduardo de Ontañón (1902-1949), una de las más genuinas e interesantes personalidades que haya dado este madrastrón Burgos nuestro. El batallón recibía el nombre de El Ciprés, tertulia cafetalina que tenía por última base El Candelas, tras haber pasado por la Librería Ontañón y el Café del Iris. Hijo de un periodista de raza, cultivador de sus propias tertulias, Eduardo aprendió la riqueza del mundo de los cafés literarios en el Madrid de Gómez de la Serna y quiso para Burgos sucursal de El Pombo.
Ontañón convirtió la tertulia El Ciprés en mucho más que humo, vanidad y vocerío. Sus reuniones eran verdaderos encuentros artísticos nunca faltos de humor que, como no podía ser de otra manera, comenzaban con tremebunda pitanza de jueves gordo y continuaban con espirituosas combinaciones con moka. Los miembros de este artístico club eran tanto pintores, como escritores, arquitectos, médicos, músicos, archiveros, poetas, dramaturgos, impresores, maestros y profesores, políticos y sindicalistas, bibliotecarios, lectores…, reunidos siempre en torno a la figuración de tal árbol, con independencia de las adscripciones ideológicas de cada uno. Sus cónclaves iban antecedidos de avisos y anuncios insertos en el Diario de Burgos, pero también de cuadernillos que imprimían en los talleres de Saiz Barrón con el programa del jueves, incluyendo los datos gastronómicos, y abundosa relación del acto. Solían ser estas reuniones, grosso modo, de tres tipos: en homenaje a un creador foráneo invitado; por conmemoración de un tema o personaje del pasado; o para celebrar algún éxito de los propios contertulios. La recitación, disertación y concierto constituían el meollo de estos actos noctívagos y refrescantes, envidia de otros casposos culturetas que seguían con el soniquete del burgalesismo más ramplón.
En 1936, algo más de la mitad de sus miembros sufrieron la oscuridad cernida, el cáncer de la libertad y creatividad que fue el nacimiento del franquismo. Asesinados, represaliados, exiliados, El Ciprés desapareció para quedar únicamente como símbolo de cementerios y silencios.
El argénteo fulgor generacional de aquellas gentes y empeños, merecen hoy un especial recuerdo y la reivindicación de su conocimiento.

6/4/11

ESQUELAS (DE PERSONAS) DE LA GUERRA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 06/04/2011


El pasado 29 de marzo, Badajoz amaneció cubierto de esquelas. El colectivo artístico español Left Hand Rotation (http://www.lefthandrotation.com) inundó la ciudad con carteles-esquelas de la Guerra Civil. Para muchos, una provocación; para otros, un intento de normalización del pasado. Las esquelas incluían los nombres de los asesinados por el teniente coronel Juan Yagüe, pero también otros de combatientes regulares africanos, legionarios y falangistas. El periódico extremeño Hoy, del grupo Vocento, señalaba en su crónica (31/03/2011) que “este detalle [muertos de ambos bandos] le otorga aún más misterio”. Para los promotores de la acción artística, se trataba de anunciar, “con 75 años de retraso, la muerte de personas. (…) rescatar del ruido mediático un hecho histórico objetivo: la pérdida de vidas humanas (…)”.
En Badajoz, la entrada de las tropas comandadas por Yagüe, el 14 de agosto de 1936, fue seguida por una de las mayores matanzas de población civil de toda la Guerra. Han corrido ríos de tinta tratando de ocultar los de sangre y lágrimas que se vertieron en esos días, acusando a periodistas presentes de tendenciosos y aún de mentirosos. Idéntica estrategia negacionista a la seguida en torno al bombardeo de Guernica. De los varios miles de asesinados por las tropas franquistas, el historiador Francisco Espinosa ha conseguido documentar las incontestables identidades de al menos 1518 personas (La columna de la muerte. Barcelona: Crítica, 2003).
En 2006 irrumpió en España un fenómeno conocido como “la guerra de las Esquelas”. Familiares de asesinados por el ejercicio represivo de los sublevados, publicaron, 70 años después de su muerte, las esquelas que no tuvieron entonces. Trataron de atender a través de éstas el duelo inconcluso y conflictivo que partía de la ausencia de los cuerpos, desaparecidos en fosas comunes, y que continuaba con la imposibilidad de celebrar los ritos funerarios y culminar así un proceso de duelo que les permitiera asimilar las pérdidas. Estigmatizados durante todo el franquismo como parias vencidos, miles de familias han vivido un drama íntimo al que la sociedad ha permanecido ajena e insensible. Las esquelas les permitieron hacer público el fallecimiento de sus deudos silenciados y honrarlos a través de la palabra escrita.
La clave del misterio, para nuestros amigos de Hoy: la dignidad de las personas por encima de las cifras, las ideologías y la manipulación. En definitiva, que puedan descansar en paz.