29/2/12

PARADISO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 29/02/2012

   Anegado por la música de Morricone, despido con lágrimas a un Alfredo que es mi vida entera. Lloro incontenible, caudaloso, desbordado de penas y remolinos, entremezclando cine e intimidades; abriendo la espita de las penas apartadas. Y lloro la infancia ida de Totó y la mía, lloro a mi abuelo, a Marcelino, lloro a mi juventud perdida, a un vigor pasado, lloro a un niño tembloroso que fingía un vozarrón de pirata, a los sueños de hazañas, a mi perro pequeño, a aquella tarde en que me sonrió mi padre... Lloro con esta película las tardes de bicicleta, los primeros sonrojos, las miradas furtivas, las bravuconadas colegiales.
   Me asomo a la mitad de mi vida sin todos aquellos que me dieron calor y ejemplo, desnudo de sus fuerzas, de sus alturas protectoras. Y vuelven los rincones somnolientos, las calles vacías, las tardes interminables. Se me agolpan silentes penumbras, secretos de infancia, tesoros de latón. No hace tanto que me colgaban las piernas de los asientos... y hoy doy de comer a mis hijos. Lloro porque en esta madrugada no sé qué otra cosa hacer con tanta ausencia, con la pena de no ser más el niño, el joven, el chico...
   Me iré a dormir y me levantaré con mis cuarenta y cuatro a cuestas. Y en la mañana aún buscaré el destello, el recuerdo último en ese casi viejo cuya imagen se me asoma, del niño, del nieto, del pequeño que aún se encoge. Palparé mi tiempo ido, mi intransmisible infancia, mis viejos colores, y haré de ello hatillo y vianda para ser cada vez más el padre, el viejo, el compañero..., el recuerdo para otros críos que me contemplan. Guardaré tesoros y aventuras  para narraciones a la generación nueva. Dejaré de ser mis sueños para, dulcemente, formar parte de los otros suyos.
   Vase el tiempo llevando la vida a jirones, y los retales que ondean solo son fugaces recuerdos, pero también fuerza. Aún quedan muchas luchas y banderas, tanto que construir y defender. Un breve aliento, y a seguir. Vuelta a ser eslabón y ancla, león, lobo… (Y Sandokán y Guerrero).

15/2/12

LA REFORMA PENDIENTE...

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 15/02/2012

   La cuestión principal que pone sobre la mesa la reforma laboral del gobierno es la merma de los derechos de los trabajadores, o lo que es lo mismo, todo aquello que ha supuesto un avance en la mejora de la nuestra calidad de vida en los últimos 30 años. Esta crónica de una muerte anunciada no deja de sorprender por la insistencia con la que se transmite que el lastre de la economía es justamente el trabajador asalariado: carga obsoleta que no deja fluir la libre creatividad del empresario. Así, la parte más débil de la ecuación productiva, el trabajador, por mor de sus derechos, queda convertido en culpable del estancamiento económico, en tanto que el empresario es exonerado de toda responsabilidad.
   Los trabajadores, la inmensa mayoría de los españoles, son concebidos como mero factor de producción. Su pérdida de derechos es entendida como la clave necesaria para que una empresa aumente su competitividad... Pero de ahí no se deriva creación alguna de empleo.
   La desregulación del sector productivo, asevera el neoliberalismo, favorece la iniciativa privada y el dinamismo mercantil. Sin embargo, el resultado de la mala gestión política es, exactamente, la radiografía actual: millones de desempleados tras el agostamiento de la burbuja inmobiliaria promovida por un sector del empresariado ávido por la multiplicación exponencial de sus haberes con la voraz connivencia de las entidades crediticias. Y todo esto, con la anuencia de la clase política que distorsionó interesadamente la realidad económica presentando balances grandilocuentes, como hizo Rodrigo Rato.
   Un empresario es, por lógica, alguien que busca alcanzar grandes beneficios asumiendo ciertos riesgos iniciales. Entendiendo que hay que favorecer la cultura del emprendedor, ha de quedar claro que un empresario no es una ONG, ni un filósofo social. Su preocupación es la de su capital. Quien ha de acabar con el paro es el Gobierno con verdaderas reformas estructurales, en especial cuando a los otros, los dinámicos empresarios, no se les ha “reformado” en lo más mínimo. Son, fundamentalmente, los mismos. Con tales mimbres, razón tendrá Montoro cuando dice que la reforma, por sí misma, no creará empleo.

1/2/12

JUSTICIA BANANERA

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA

DIARIO DE BURGOS, 1/02/2012


   De siempre las encuestas del CIS reflejan la desconfianza que despierta la justicia entre los españoles. La judicatura, el cuerpo más monolítico y conservador del Estado, se ha caracterizado por su lento funcionamiento, fortísimo sentido endogámico y resistencia a los cambios modernizadores, junto a una cierta insensibilidad. Los dobles raseros que ofrecen con las ridículas o inexistentes sanciones para jueces que se comportan como enfermos mentales, o que actúan irresponsablemente, frente a lo que están haciendo con Garzón, canta por sí solo. Mentar el juicio de Camps y Costa es ya hablar del esperpento: la absolución  (5 votos a favor, 4 en contra) de unos delitos que toda España pudo oír en grabaciones efectuadas por la policía. Un escándalo. Pero lo de Garzón es de órdago. En el juicio que está teniendo lugar sobre los crímenes del franquismo, el propio tribunal reconoce los excesos del instructor Varela, de quien se conoce su personal animadversión a Garzón. Y el fiscal, el sinsentido de iniciar un juicio a instancias de una acusación particular de extrema derecha, esos que se autodenominan “manos limpias” en clara evidencia de su síndrome Macbeth. España demuestra cómo la Justicia sigue siendo un sector que no ha hecho su propia transición, en el que la democracia parece no haber penetrado suficientemente. Y si lo ha hecho, por paradójico que resulte, ha sido por control de los otros poderes del Estado, de ahí el temor generalizado que despierta la propuesta del PP de que los jueces se gobiernen ellos solitos.
   El calvario de Garzón, con el muy posible fin de su carrera, representa, por un lado, lo peor del sistema; por otro, la grandeza de este hombre. La aplicación de leyes y convenios internacionales para tratar los crímenes del franquismo, además de ser un acto de plena justicia, ha sido, como estamos viendo, un acto de inmensa valentía. Lo que ya nadie podrá parar es la denominación de “crímenes del franquismo”. La invocación de la ley de amnistía vuelve a dejar el tufillo del interés por proteger a los culpables en lugar de a las víctimas. Condenen o no a Garzón, para la historia eso ya no puede ser ocultado: fueron Crímenes contra la Humanidad.