29/10/14

EL CÁNCER

Ignacio Fernández de Mata
Diario de Burgos, 29/10/2014. Contraportada

La corrupción, ya no caben paños calientes, es consustancial a nuestro sistema político y empresarial. Llevan décadas empobreciendo al Estado por medio de su vaciado, extorsión y engaño. Unas veces invocaban la ideología neoliberal privatizadora, en otras simple y llanamente se dejaban llevar por el nepotismo, la codicia y la desvergüenza. Lo público, lo construido como instrumento de servicio y nivelación de la ciudadanía, ha sido tomado para enriquecimiento de quienes han configurado, sí, una casta tan inmoral como perjudicial para todos.
Todo hay que decirlo: la corrupción ha sido consentida y hasta amparada por una población a medio democratizar. Los partidos definieron a sus votantes como feligreses adocenados y en no pocos casos así se han comportado al revalidar con sus votos a quienes provocan cada año la pérdida de unos 40.000 millones de euros.
Durante décadas la corrupción ha sido una práctica sostenida para la financiación de partidos, conviviendo con mafias organizadas para el saqueo de ayuntamientos, comunidades autónomas, ministerios o cajas de ahorro, amén de los casos de corruptos solitarios. De ahí deviene la creación de una cultura de la mediación, del conseguidor, que es lo que aparece en la última operación púnica o bajo el esperpento del pequeño Nicolás.
La saludable indignación que vive la población tiene dos implicaciones: la toma de conciencia de la necesidad de una ética cívica —esa que han quitado de las escuelas— que rija el servicio público, reivindicada por una ciudadanía activa y vigilante; y en segundo lugar, la convicción de que con los mimbres actuales, con partidos políticos tan profundamente corroídos por este cáncer, no es posible cambiar las cosas. ¿Quién va a creer en pactos o medidas propuestas por quienes están al frente de estructuras con cajas b, sobres ocultos, tarjetas black, cuentas en paraísos fiscales, mansiones compradas por medio de testaferros, coches de lujo que aparecen en los garajes, mafiosos que exigen el 3% de obras, concesiones y contratos, ediles que aceptan viajes y regalos, palcos de honor en el fútbol, privatizadores de puerta giratoria…?

Decía hace poco el celebérrimo Pablo Iglesias que la mejor propaganda de Podemos se la estaba haciendo el PP y el PSOE. Parece no se equivocaba.

George Grosz, 1926. Los pilares de la sociedad.

15/10/14

¿EN QUÉ MANOS ESTAMOS?

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 15/10/2014. Contraportada.

El contagio de ébola de una auxiliar de enfermería ha supuesto un desolador ejercicio de vergüenza nacional, incompetencia y desprecio por la ciudadanía. Cuando el gobierno decidió traer de África a dos personas infectadas —varones, blancos, religiosos—, ¿en qué pensaba?, ¿en una foto, en un titular patriótico, en presumir de operación aérea? Trasladado a la Península el letal virus, el gobierno del PP, en vez de asumir con seriedad la responsabilidad y riesgos autoimpuestos —necesidad de centros especializados, profesionales formados, previsión de tratamientos, protocolos de actuación y coordinación, etc. —, en una vuelta más a su permanente desprecio por los servicios para la ciudadanía, la calidad de la sanidad, la situación de los profesionales, ha seguido a lo suyo, a su particular enroque y desmantelamiento del país. Desmantelamiento, sí. Esta crisis ha mostrado la falta de sentido de Estado y de política nacional del partido del gobierno: el que fuera único centro de referencia nacional para patologías infecciosas y tropicales, el hospital Carlos III de Madrid, responsable de coordinar las actuaciones ante cualquier crisis por este tipo de enfermedades, ha sido desmantelado por el gobierno de Esperanza Aguirre/Ignacio González (PP) sin información alguna al resto del sistema sanitario nacional. Un país de 47 millones de habitantes, con flujos constantes de población de/a zonas tropicales —turistas, migrantes sin seguridad social, cooperantes, etc.—, no tiene un centro de referencia médica para enfermedades infecciosas. Ni siquiera estaba preparado para recibir a los misioneros. La causa no es la crisis, sino la mala política. Recordemos que si la sanidad madrileña sigue siendo mayoritariamente pública lo es porque los ciudadanos se han echado a la calle en su defensa.
Es igualmente inexplicable que el Consejero de Sanidad de Madrid y la Ministra Ana Mato no hayan sido destituidos. A la prepotente insensibilidad del primero —que en su culpar a la enfermera ratifica el desprecio por lo público y sus profesionales, esos que en EE.UU. llaman públicamente héroes—, se suma la flagrante incompetencia e ignorancia de Mato. Rajoy prefiere mostrarse granítico con su ministra antes que Presidente de todos los españoles… Y así nos va. ¿En qué manos estamos?

El Bosco. "Extracción de la piedra de locura"1500 - 1510

1/10/14

ERRORES DE AYER Y HOY

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 01/10/2014

Firmada la ley de consultas, comienzan los nervios, el tantearse la ropa, y las incógnitas propias de un país de fulleros: se perfilan estrategias, astucias, planes B, en lugar de practicar el diálogo y la negociación; el encaramiento de los problemas. Siendo penoso, son los lodos de aquellas lluvias llenas de rechazos y desprecios mutuos, de chantajistas apoyos parlamentarios en tiempos de minorías gubernativas, de la liquidación del Estatut
Desde las filas catalanistas, como desde las españolistas se blanden argumentos, muchos de carácter histórico. Todas son historias construidas ad hoc, falaces e interesadas, histéricamente prejuiciadas. En ambos lados con mucho de postdictatorial: ambas entidades retratadas se pretenden “unidad de destino en lo universal”. Toda esta manipulación, en el fondo, da igual: se trata de construir respuestas, o mejor, apoyaturas más o menos prestigiosas (de ahí la invocación al pasado) a deseos existentes en la sociedad actual (ni tan espontáneos, ni tan rotundos), pero innegablemente activadores y movilizadores.
Percibido como un advenedizo salido del Vogue, la propuesta del secretario general del PSOE, hasta ahora la más sensata y posibilista, una reforma constitucional, ha sido despachada por el PP con ignominiosa indiferencia. Y de un plumazo han ventilado la posibilidad de redefinir el encaje territorial, la bicameralidad inoperante, el funcionamiento autonómico, un pacto básico de Estado para blindar la educación, la sanidad y la asistencia social… y la relación con Cataluña. El peso histórico de un país inculto reverenciador de la palabra revelada parece imponerse sobre el interés común y el diálogo. O el todo, o la nada. Definida como sagrada la Constitución, acaban dando alas a quienes piden volar el actual edificio institucional.

Envueltos en sus trapos de idénticos colores, en los libros aclaratorios de la historia, en manipulaciones de la voluntad popular, unos y otros utilizan sus tribunas institucionales para fomentar un enfrentamiento artificial y estéril, negacionista del otro. Parece no importarles nada tanto error del pasado, tanto irredentismo histórico basado en el honor y el orgullo, términos absurdos, políticamente huecos y que solo supusieron más empobrecimiento y aislamiento en épocas pasadas. Otra cosa fue, sigue siendo, Gran Bretaña, o lo que es lo mismo, la voluntad de acuerdos y mutuo beneficio.