27/1/16

SOBRE LOS NUEVOS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 27/01/2016. Contraportada.


Visto lo impreso, nada hay más difícil hoy que ser adjetivador en la prensa ultracentrista. No hay redacción, camarín o espadaña que no haya tocado a rebato para que sus bien pagadas huestes de opinadores afilen plumas que analicen la nueva realidad política. Unos, apelando al gracejo mordaz, despachan sardónicos a los molestos desharrapados como quien ve pobres fastidiosos. Otros, desde la altura de sus púlpitos marmóreos desempolvan cuanto epíteto apocalíptico dormitaba en su magín. El mundo se acaba, proclaman los jeremías. Y ante nuestros ojos van levantando una legión de radicales melenudos, de hordas esqueléticas de rastafaris y viejas-niñas amamantadoras mientras a su alrededor, entre trompetas abocinadas, se rasgan los sellos anunciantes de pestes, hambres, pobrezas y aislamiento. Con Podemos llega el caos. Cada vez son más insistentes los rumores que les culpan del hundimiento de la bolsa en China, de las violaciones en Colonia, de la crisis de Abengoa y de la muerte de Bowie.

Ser columnista hoy parece profesión de riesgo: al hilar del verbo súmanle tejer un relato abracadabrante de la realidad. Ante tales retablos de las maravillas, el lector queda sobrecogido por las revelaciones que tan sagaz plumilla llega a hacer sobre el turbio pasado de quienes han llegado a la política leídos y con compromiso. Vamos, el acabose. Lógico que aquellos que se atreven a decir “así, no” a las viejas señorías sean acusados de totalitarios y tristes.

En el mundo hay mucho borrego feliz de su condición ovina. Como también felices andan quienes pastorean tales tropas. Que los herbívoros lean, piensen y escriban siempre fue objeto de sospecha: que quisieran en romance lo que en latín se les prohibía, que discutieran cuanta cuna se encumbraba, que la tierra curvaba, que la enciclopedia despejaba… Vaya, que la historia se democratizara.

Qué bonito es leer sobre transformaciones y revoluciones del pasado —lejos, lejos— y presumir de derechos del hombre, de libertad, fraternidad e igualdad… y qué otra cosa parece cuando se nos recuerda que las causas de la humanidad empiezan por el aquí y ahora. A mí, tanto corifeo de desastres ante la llegada de Podemos y las Mareas, me suena a la mezquindad de los ciudadanos de Hamelin. ¿Alguien discute la necesidad de una regeneración política en España? ¿La van a hacer los de Acuamed o la operación Taula? De momento, la pataleta: al gallinero del Congreso, no sea que destapen más vergüenzas senatoriales.


13/1/16

EL PROCÉS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 13/01/2016. Contraportada.

   El traído y llevado debate sobre el ser de España surgió de una trampa del romanticismo para confundir a las buenas gentes sobre la suerte de sus vidas. El afán por construir un pueblo, una historia y un destino llevó a la invención de las tres cosas. Fue el surgimiento del Estado-Nación (s. XIX). Esto puede resultar confuso  a todos los que pasamos por las garras educativas del franquismo, obsesionado con un tipo de españolidad eterna y cristiana —lo que en sí mismo es una absurda contradicción—.
   Somos hijos de nuestros procesos históricos, que no de nuestra historia si entendemos por tal la estudiada en la escuela, —sépase que no hay historia rigurosa y competente hasta tanto se llega a la universidad, y eso según, como diría Mairena—. Los españoles somos profundamente ignorantes de la Historia y nos manejamos con cuatro simplicidades escolares: viejas falsedades, de base franquista bastantes; modernas ridiculeces autonomistas, otras. Para la mayoría esto no supone un conflicto porque la ignorancia histórica se suple con el sentimentalismo que siempre demanda el nacionalismo. Y así se puede ser español a machamartillo sin saber nada de España, o de cualquier otra playa.
   Mucho se nos habla de los mitos del nacionalismo catalán, olvidando que para el español no lo son menos. La identidad solo puede conjugarse por suma de plurales. Permitir que la piel de toro respire, transpire, sude y bostece como a cada uno le apetezca es seguramente lo más deseable a lo que podamos aspirar: felizmente diversos. 

   Son ya siglos sumando errores. En estas últimas décadas no han sido menores porque la confrontación de nacionalismos ha llevado al doble de absurdos. La cuestión territorial necesita ser redefinida a partir de un nuevo pacto de convivencia y no de soflamas airadas o de (falsos) prejuicios historicistas. En cualquier caso se me hace muy difícil pensar que los promotores de homogeneidades románticas —tanto el PP como el nuevo gobierno catalán— puedan llegar a solucionar hoy nada. Necesitamos nuevos actores, propuestas audaces, mucha cintura y pocas líneas rojas. No se trata de romper nada —salvo algún sueño absurdo—; se trata de sentar nuevas bases fundadas en el diálogo, el respeto y la justicia social. Una nueva Espanya.

Juan Valdés Leal. In ictu oculi. 1672.