21/9/16

EL CRISTO

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 21/09/2016. Contraportada.

Un símbolo tiene la facultad de representar o de expresar ideas y valores, gracias a haber alcanzado el consenso que permite reconocerlo como tal. Es, desde luego, algo arbitrario, negociado y, por lo tanto, sujeto a que en cada tiempo se renueve o no.
No pocos símbolos están asociados a la construcción de una identidad colectiva: evocan la idea de la comunidad imaginada que se conforma, se convierten en referenciales. Cada tiempo histórico, cada discurrir de una nueva generación, trae cambios, nuevas demandas, innovaciones… Nada hay menos cierto y auténtico que eso de que las cosas hay que mantenerlas por tradición. La tradición, o mejor, lo que solemos entender por tal, tiene mucho de invento, pero mucho. También de manipulación.
Por respeto o sujeción a la tradición, se habría evitado que la ciencia progresara, que las sociedades adoptaran los derechos sociales y los extendieran a todas las capas y a cada una de las personas. La cultura, las formas de relación, sociabilidad, la identidad, los símbolos…, son procesuales. Todo se negocia, cambia, adapta.
Dicho lo anterior, resulta totalmente incongruente que los salones de plenos del Ayuntamiento y la Diputación de Burgos estén presididos por sendos crucificados. ¿Qué benéficos efectos aporta su presencia? ¿Se legisla mejor? ¿Se cobran más fácilmente las dietas? De lo que no cabe duda es de que el mensaje que expresan, lo que simbolizan, no tiene sentido en el tipo de sociedad que somos. En Burgos, además de los católicos existen musulmanes, ortodoxos, evangélicos, adventistas, testigos de Jehová, mormones, anglicanos, hindúes, judíos, budistas... Por otro lado, el CIS indica que cada año menos personas se definen católicas; y en los últimos 8 años han aumentado en 12 puntos quienes dicen que casi nunca practican su religión. También han subido 10 puntos los que consideran que la religión no es nada importante para ellos. Una cuarta parte de la población se reconoce directamente como no creyente o atea…
Ahora que más gente opta por una boda civil que religiosa —más de 6 de cada 10—, es toda una ironía encontrar el salón de plenos presidido por el crucifijo…
¿De verdad es el Cristo el símbolo que mejor nos representa a los burgaleses? ¿En 2016? Porque aquí se supone que contamos todos…


7/9/16

BURKINI POLITICS

IGNACIO FERNÁNDEZ DE MATA
DIARIO DE BURGOS, 07/09/2016. Contraportada.

El verano de 2016 pasará a los anales por, entre otras cosas, la aparición del burkini, un conjunto de prendas que se diferencian muy poco del uniforme habitual de los surfistas. Como en el caso del niño que mordió al perro, la noticia es que en algunas playas francesas uno se puede poner en pelota picada pero no cubrirse completamente: aparecen unos policías llenos de ropa, armados y obligan a las mujeres a desprenderse del burkini. Y las multan. ¿Las razones? La libertad, la identidad de Francia, el laicismo, la ofensa a la moral… y, sobre todo, por seguridad —¿y si llevan una bomba debajo?—.
Una vez más, las sociedades usan el cuerpo de la mujer como espacio de lucha. Para imponer, para prohibir, para liberar… Desde la óptica legalista occidental, no hay justificación alguna en ese afán por marcar cómo ha de vestir una persona. El Estado Francés —o ciertos municipios— aparece como un supermacho que quiere defender a sus mujeres de la esclavitud de la religión islámica. Porque, según ellos, solo hay una forma correcta de ser francés… Y para que quede claro, lo dejan reglamentado, mandan a la policía, humillan, multan…. —vamos, como en Irán—. Luego, cuando ya se ha montado el pollo, las imágenes han dado la vuelta al mundo y Francia ha quedado retratada como una sociedad sectaria, racista e imperialista, pretenden explicarnos que lo hacen para que sean, incluso, mejores musulmanas porque el Corán no dice nada de vestir así o asá; son víctimas del fundamentalismo… Un generoso paternalismo —muy machista, claro— que, sobre todo, evidencia el terror de algunos a aceptar los cambios sufridos, la pérdida de la imagen idealizada de su propia sociedad. —¿Acaso existió alguna vez una Francia como la que dice defender el Frente Nacional?—.
Vivimos en sociedades complejas, plenas de diversidad autóctona y alóctona,  con muchos conflictos culturales —lo que en sí mismo nada tiene de negativo—. Pero, desde luego, los conflictos culturales no se solucionan a cañonazos, ni a golpe de reglamento. Con tics autoritarios e intolerantes como la penosa polémica del burkini solo se consigue polarizar artificialmente y favorecer el aumento del fundamentalismo de todo tipo. Lo que, por otro lado es, en sí misma, una estrategia política. Lamentablemente, nada casual.